

“El alcohol es mentira. Al primer trago te pones alegre y al rato se te pasa y vuelves a la realidad todavía más triste. Los alcohólicos lo somos para toda la vida; es un estigma y no hace falta beber” Chavela Vargas (cantautora mejicana).
La desigualdad entre un hombre y una mujer con problemas de alcohol no está exenta de un matiz peyorativo y cultural al referirse a una mujer como borracha y un hombre como alguien que bebe de más.
Hay diferencias socioculturales que nacen de prejuicios tales como la mujer templo sagrado que albergará un ser humano, alguien hermoso y bello provisto de dignidad casi divina que se verá más indigna que un hombre tambaleante o con los ojos vidriosos y a la que atribuir supuesta facilidad para el sexo y promiscuidad.
Todo eso son prejuicios, machismos sobre machismos; la dependencia y la conducta de abuso es la misma en hombres y mujeres.
Sin embargo, es cierto que el alcoholismo femenino reviste unas características propias que han de ser contempladas a la hora de diseñar un tratamiento. Y solo para esta finalidad. Y digo bien, diseñar, porque cualquier programa de superación de un problema de alcohol conlleva una personalización y una estrategia individualizada y precisa. Aquello de Antabus, Abstinencia y Grupos siendo pilares sólidos no siempre se deben plantear así de entrada , salvo que queramos no conseguir nada.
El alcohol afecta más y peor a las mujeres. Esto es así. Estudios realizados demuestran que la afectación del cerebro por el alcohol es más rápida en la mujer que en el hombre para iguales cantidades consumidas.
Los efectos del consumo de alcohol en la mujer, conllevan una mayor absorción, y una menor actividad de la enzima alcohol-deshidrogenasa gástrica (ADH), lo que constituye un agravante en su consumo, ya que la ingesta de alcohol en la misma cantidad y calidad que un hombre, le afecta de una forma más intensa.
Desde una perspectiva psicológica, la mujer se oculta más, busca ayuda con menor frecuencia, bebe a escondidas y sola, tratando de paliar un malestar que no consigue calmar de ninguna otra manera.
En la soledad de su casa, a escondidas de la familia, creando un cerco de aislamiento en torno a si misma, el bucle de depresión y culpa y vergüenza es también mayor.
También beben las mujeres en bares, pero posiblemente en contextos sociales mayoritariamente beberán “aceptablemente”.
Muchos hombres culminan o limitan sus consumos en lugares públicos y muchas mujeres en lugares privados.
Por todas estas razones, el abordaje de los problemas derivados de la dependencia del alcohol en la mujer ha de iniciarse, todavía más si cabe que en otros problemas, creando un lugar seguro, de confianza y de expresarse sin miedo, a la vez que diseñando y estructurando la motivación y fuerza para la abstinencia: quitas un poquito, das, ofreces; vas restando y vas validando, muy consciente de que la mujer que no beberá más es una mujer muy distinta a la que cruza la puerta de tu consultorio, y tu, terapeuta, tienes que ayudar a construir y sostener a esa nueva mujer, alcohólica sin consumo.