

La desesperanza o indefensión aprendida (learned helplessness) es una forma de referirse a aquel sentimiento que nos invade cuando, hacemos todo lo posible y adecuado para obtener un resultado determinado y no lo logramos. Así, una y otra vez. Y nos vamos condicionando. Nos desesperamos.
Al igual que el elefante de la imagen, llega un momento en cual, aún pudiendo cambiar nuestras circunstancias (avanzar arrastrando la silla) ya no lo intentamos por pura desesperanza y abatimiento. Nos rendimos, convencidos de que no podemos hacer nada.
Si en esta creencia asumimos que somos nosotros los causantes de tal impotencia, que esto va a suceder siempre que lo intentemos y en muchas áreas distintas, es fácil que surja una depresión. No creo que toda indefensión conlleve una depresión, pero en toda depresión hay mucha desesperanza.
Más importante que este matiz, me parece diferenciar la indefensión de la inevitabilidad. Nos pasan muchas cosas que no tenemos más remedio que aceptar. Pero hay otras ante las que, tras distintos intentos fallidos por resolverlas, nos damos por vencidos cuando a lo mejor, si lo volvemos a intentar, descubrimos que ahora sólo es una silla la que nos encadena.
Como siempre digo en estas pequeñas reflexiones, no puedo ofreceros soluciones mágicas pero si aseguraros que recuperar la esperanza y el sentido del control, también es un logro de la terapia.