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Cambiar

Incapaces de cambiar: libros sin leer, relaciones por terminar, proyectos inconclusos…idéntica maldita rutina…Patrones mentales rígidos, ideas repetidas hasta la saciedad, vueltas y más vueltas a un círculo sin fin. Sabemos qué debemos hacer, el paso que nos ayudaría a pasar a otra etapa de nuestra vida pero no somos capaces de darlo. Estancados y bloqueados. Este problema se le plantea con mucha frecuencia a  un psicólogo en consulta. Es el profesional adecuado para ayudar a resolverlo. En realidad, un psicoterapeuta atiende más a objeciones que a problemas. Todos los días nos preguntan: «…ya…eso ya, pero ¿cómo lo hago?» Es la gran cuestión porque no se cree que haciendo esto o aquello consiga cambiar, y sobre todo, y en el fondo, da pereza intentarlo. Es decir, el mayor obstáculo para cambiar es lo imposible que consideramos lograrlo. Y por supuesto, nos movemos en términos de logro o fracaso absoluto, desdeñando todos los pequeños cambios, que aún siendo muy poderosos en sí mismos, no son el objetivo deseado.

¿Qué podemos cambiar?

De forma auto saboteadora infravaloramos los pequeños cambios. Y repetimos el mantra de «soy así, nunca cambiaré». Lo cierto y demostrable es que el cambio de actitudes, ideas, sentimientos  y conductas, sí es posible aunque no es fácil. Cuando entramos en el gimnasio por primera vez no salimos con un cuerpo musculado, pero eso no nos frena, perseveramos día a día, repetición a repetición, una y otra vez. Inexplicablemente, al plantearnos cambios vitales activamos dentro de nosotros defensas, resistencia en forma de miedo a las consecuencias que traerán esos cambios y miedo a explorar nuestros límites. Por supuesto que hay muchas cosas que no podemos cambiar y hemos de sobrellevarlas lo mejor posible: aceptarlas es sabiduría . Pero en muchas otras cosas el miedo y la comodidad nos retienen anclados en esa zona de confort. Sentimos que si lo intentamos y no lo conseguimos, nos sentiremos peor. Se apodera de nosotros un miedo muy grande a fracasar en el intento. Y sí, así estamos mal, pero el propio malestar que nos genera no intentarlo nos inmoviliza en ese sedentarismo vital y emocional. Así las cosas, queremos el cambio pero nos falla la motivación para conseguirlo. Y nos maldecimos por ello.

Ayudar a cambiar es la parte que más me gusta de mi trabajo: no es algo inmediato ni rápido , no es una sesión, no son unas palabras mágicas, es un proceso profundo y en etapas, un desaprender unas cosas y aprender otras, y un movilizar dentro de ti energías que te ayuden a encontrar el resorte que te ponga en movimiento con tu propia vida.
En terapia se ofrece un contexto de relación, de aceptación y autenticidad, de compasión y de presencia que facilita el cambio. Se dan técnicas, se crean estrategias y pactos, se ofrece inspiración pero sobre todo se crea una relación que aporta seguridad para cambiar muchas cosas dentro de uno y el modo de ser en el mundo.