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Tengo celos del sol porque te besa
con sus labios de luz y de calor…
¡del jazmín tropical y del jilguero
que decoran y alegran tu balcón!
Mando yo que ni el aire te sonría:
ni los astros, ni el ave, ni la flor,
ni la fe, ni el amor, ni la esperanza,
ni ninguno, ni nada más que yo.
Eres tu, soberana de mis noches,
mi constante, perpetuo cavilar:
ambiciono tu amor como la gloria…
¡y todavía más!
(Almafuerte,
Pedro Bonifacio Palacios)

 

Los celos representan una gran contradicción entre el dominio que quieres ejercer sobre mi y el escaso dominio que tienes de ti mismo. No autorizarme a mi cuando a ti te autorizas todo, traspasar los límites del respeto y de la intimidad personal. Vigilar mis pasos, mirar mi ropa, mi móvil, mis amistades, mis entradas y salidas. Buscando en mi una seguridad que sólo puedes y debes encontrar en ti mismo. No puedo ocuparme de tus miedos, no soy quien, no me corresponde.

Si estás con una persona de la que desconfías, tu tienes un problema. Y si en el fondo no desconfías, pero cedes a las fantasías tormentosas y a los celos, tú tienes un problema. Cada uno es el responsable de sus sentimientos y de regularlos exitosamente. La solución a nuestros celos está en nosotros mismos y no en la conducta de nuestra pareja.

Origen de los celos:

En los celos se entremezclan rasgos de la propia personalidad, como tener mucha necesidad de tener el control , cierto dramatismo en los afectos, desconfianza y dependencia emocional, por una parte. A estos rasgos se le añaden creencias erróneas e irracionales sobre el amor en la pareja, creer que la persona amada es una posesión y no debe mostrar alegría por estar con otras personas, ni interés en hacerlo y cultivar aficiones o intereses al margen de la relación. Todos podemos sentir miedo a que nos abandonen o a que otra persona guste más que nosotros. Pero no va más allá de un leve malestar que superaremos sin problema.

En los celos a los que me refiero, los patológicos, este malestar no puede parar dentro de mi; crece y me mete de lleno en la tormenta…Realmente no sé si deseo pararlo porque me siento muy ofendido y amenazado y realmente creo que esto es una prueba de mi amor verdadero y de mi pasión. Lo cierto es que un amor sano es un amor sin celos enfermizos.

Como dice Albert Ellis, psicólogo, fundador de la Terapia Cognitiva :
«Los celos son el dragón que asesina el amor fingiendo querer mantenerlo vivo”.

Lo primero para superar los celos es asumir que se está entrando en esa tormenta, asumir en uno mismo salir de ella y comenzar por restarse credibilidad en esos momentos en los que la duda acecha, mantenerse distraído, ocupado con la vida propia y buscar ayuda profesional para poner a raya ciertos rasgos del carácter , revisando las ideas equivocadas que tengamos sobre el “verdadero” amor.

Puedes leer más sobre el buen amor o el amor sano en:

Amar bien, el buen amor

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