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El Trastorno Dismórfico Corporal se relaciona con la preocupación excesiva por nuestro aspecto físico . Hoy en día se considera “normal” estar muy preocupados por nuestra apariencia, hacer diversos tratamientos estéticos, dietas y ejercicios, no siempre saludables, buscando mejorar nuestra imagen.

Más que nunca en la historia se considera la belleza como un indicador de éxito social, y más que nunca vivimos una sociedad muy visual, con muchos impactos diarios de fotografías y modelos , sin tiempo a asimilar y filtrar esa “realidad” tan poco real. Así las cosas, nadie admite estar teniendo un problema con su aceptación física, pero el hecho cierto es que todos tenemos complejos y en realidad, de alguna manera, uno construye su identidad y su personalidad por cómo gestiona y supera tales complejos.

Todos tenemos aspectos de nuestro físico que nos disgustan: el peso, la altura, la nariz, las orejas, cientos de detalles que pueden habernos convertido en objeto de burla o recibir algún comentario negativo en ciertas ocasiones. O nos han rechazado por nuestro aspecto, en un trabajo, una persona que nos gustaba, en una función de ballet…

¿Qué es el Trastorno Dismórfico Corporal?

 

¿ Qué es un complejo?

Un complejo contiene todos los pensamientos, recuerdos y sensaciones asociados a un aspecto de nosotros que vivenciamos como un trauma. Un complejo nos resta libertad, merma nuestra calidad de vida y nos arrincona, llenándonos de pensamientos y actos obsesivos. Pensad en la cantidad de tiempo que dejamos pasar en un pozo de amargura por esos kilos o ese pecho o cualquier otro rasgo físico y pensad todas las cosas que dejamos de vivir encerrados en esa celda…

 

Busquemos ayuda porque la vida , la playa, la naturaleza, el amor y el disfrute son para todos. No sigamos unos cánones rígidos, no seamos cómplices de un absurdo sistema de creencias erróneas.
Estos complejos constituyen la esencia del Trastorno Dismorfico Corporal. En este trastorno, la persona hace de su “defecto”, real o imaginario, un mundo, que la deja sin autoestima y la cohibe en su vida social, familiar y laboral. Es un problema serio, al que debemos atender y ser cuidadosos con respecto a los mensajes que emitimos y recibimos, por ejemplo dejemos de decir que la ropa “estiliza y disimula”. En este trastorno están implicados tanto procesos perceptivos (cómo percibimos los detalles) y procesos cognitivos (la actitud y la importancia que le damos).

En la terapia cognitiva se revisa la escala de valores porque esa percepción exagerada de un defecto se verá agravada si dentro de nosotros la apariencia tiene una gran importancia. Es necesario abordarlo en terapia pues es mucho más profundo que un tema de vanidad y acarrea mucho sufrimiento. Por supuesto, siempre será beneficioso intentar mejorar aspectos de nosotros que podamos mejorar, sin obsesiones y desde la aceptación. Nuestra autoimagen no debiera condicionar y teñir tan decisivamente nuestro estado de ánimo. Seamos amables y animosos con nosotros mismos, como la pequeña Miss Sunshine, la protagonista de una estupenda película sobre cómo asumir el propio físico con inteligencia y sabiduría.