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Terapia de Aceptación y Compromiso

 

La frase es el título de un libro de Steven C. Hayes fundamental para conocer la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT). La Terapia de Aceptación y Compromiso deriva de la Terapia Conductal, una importante escuela en Psicología Clínica, de desarrollo y evaluación científica y recogiendo también conceptos de la Terapia Cognitiva, con lo que se la considera una terapia de tercera generación. Todo esto de las escuelas y las teorías a la persona que acude al psicólogo tal vez no le resulte muy interesante pero para los profesionales suponen avances en nuestro estudio de la mente y de la personalidad. Cuando decimos esto o aquello, no lo decimos por gusto o afición, sino que hay detrás investigación rigurosa que nos avala.

Terapia de Aceptación y Compromiso

La Terapia de Aceptación y Compromiso realza la importancia de una buena actitud y relación con nuestros pensamientos. El Mindfulness es una de las herramientas que propone para conseguirla.

El Mindfulness es mucho más y a la vez algo distinto a esa quimera de dejar la mente en blanco.

Pararse, meditar, aprender a dejar que los pensamientos ocurran sin mostrarnos críticos con ellos, y sin tratar de evitarlos. Ni controlar ni evitar. No confundirnos la realidad con lo que pensamos, no creer que todo lo que pensamos es real y comprender que las ideas son un producto de nuestra mente, un lugar en el que frecuentemente malvivimos. Es muy difícil satisfacer ese runrun que nos lleva a terminar pensando en lo que no debiéramos pensar. Aceptar el malestar y el desasosiego que nos producen sin intentar combatirlo pero darle al concepto de aceptación su significado más profundo: a la vez que dejamos a las ideas y los sentimientos ocurrir ,proponernos un firme compromiso con la acción en aquello que de verdad es importante para nosotros, nuestros valores.

No es una aceptación pasiva, es comprometerse con lo mejor, no quedarse anclado. Esto es la esencia de la Terapia de Aceptación y Compromiso identificar y reconocer dentro de nosotros cuáles son nuestros valores, aquello que le da sentido a nuestra existencia, aquello para lo que vivimos. Y ponernos manos a la obra, emplearnos a fondo. Hacer cosas concretas que doten de significado a nuestra experiencia. Salir de las espirales en las que muchas veces jugamos el juego de la mente. No pienses esto o aquello, evita sentirte de esta o aquella manera. La mente, estructura dialéctica y pugilista por excelencia, no hará otra cosa que meterse en bucles para dejarnos atrapados , con nuestras buenas razones, pero desdichados y con un sufrimiento inútil y estéril. Comprometerse con nuestros valores no garantiza que no haya dolor, pero sí que sirva de algo y nos haga superarnos. El equivalente a una bocanada de aire fresco, como abrir la ventana y que entre la luz. Dejar de vivir en la cabeza para hacer nuestra vida. Y hacer cosas para que la cabeza no sea nuestro lugar de residencia.